Contribución relato y Fotos: Mónica Esperón (Buenos Aires, Argentina)
Orongo. Isla de Pascua. Chile. Allí se ve el Peñón de Manutara, ave sagrada de los rapa-nui.
Si miran bien, verán petroglifos tallados en las rocas.
Les cuento sobre la
Ceremonia del Hombre Pájaro (o del huevo del Manutara):
Según las antiguas tradiciones Polinesicas , el pueblo Rapa-Nui tenía un notorio elemento natural de culto y oracion a las aves como simbolo magico en la renovacion de la vida, representado en el huevo. Los sacerdotes se trasladan a la cima del volcan Rano – Kau, a la ciudad ceremonial de Orongo y sus casas de piedra. Alli se reunian las familias a comienzos de la primavera para esperar la llegada de las aves migratorias que anidaban en tres islotes no muy lejos de la costa. Las aves, segun la tradicion Polinesica, eran enviadas por el dios todopoderoso, Make – Make en señal de que un nuevo ciclo de vida se iniciaba, la renovacion de la vida, la fertilzacion y perpetuacion de lo viviente estaba garantizado cuando el aletear del manutara (ave marina o pajaro fragata; Sterna lunata) surcaba los cielos.
La ceremonia anual y el protagonismo de los sacerdotes logro reunir a la poblacion en torno a un objetivo comun, disminuyendo en parte el caos y los conflictos. Se produjo un consenso en que el poder politico seria otorgado anualmente en la ceremonia que se dio en llamar del “hombre pajaro”. Una ceremonia y una accion religiosa en que los mejores guerreros de cada familia competian por la captrura del huevo del Manutara en los islotes cercanos. Los guerreros elejidos, a una orden dada por los sacerdotes se daban a la tarea de bajar las empinadas laderas del volcan buscando la costa, luego debian nadar varios kilometros hasta el islote mas grande, Motu-nui y quitarle el huevo a alguna ave que anidaba alli. Aquel guerrero que tenia la suerte de entregar un huevo intacto a los sacerdotes, se hacia merecedor al titulo de “Tangata Manu” (hombre pajaro) y en consecuencia el jefe de su tribu, clan o familia asumia el poder politico hasta el año entrante. El Tangata Manu tambien recibia privilegios en atenciones, respeto, status, admiracion y era conducido hasta la cueva de la virgenes, donde esperaban algunas muchachas jovenes que, habian sido privadas de todo contacto con la luz durante un año para darles a su piel una palidez digna del Hombre pajaro que debia elegir entre ellas.
El huevo, por otra parte, era tratado con suma delicadeza y mucho respeto puesto que representaba el simbolo del poder, la fertilidad y una garantia de una existencia en armonia para el pueblo Rapa – Nui. El huevo contenia los poderes divinos enviados por el dios Make – Make, "el mana", la fuerza de la vida por lo tanto era considerado sagrado y nadie mas que el sacerdote podia manipularlo. La ceremonia se celebro hasta el año 1867.
La ultima ceremonia realizada, marca el comienzo de la epoca moderna de Rapa – Nui. Aquella forma de repartir el poder puso atajo a los conflictos internos que, fue seguida de una calma relativa hasta la llegada de los Europeos. Este ultimo acontecimiento y la ceremonia del hombre pajaro marcan el final de la cultura clasica Rapa – Nui que se transforma en un pueblo al cuidado del ganado ajeno y agricultores incipientes.
Tomado de un texto de Jorge Hernández.Si quieren conocer más de Orongo y del mito del Manutara, les dejo este link que está muy bueno: http://viajeoceania.com/la-isla-de-pascua-y-el-mito-del-hombre-pajaro/
<< Mi abuela Felicia Muscio Palumbo nació un 8 de Octubre de 1867 en Palmira (Italia) según se lee en su tumba en el cementerio de Iquique. Se casó en su pueblo natal con mi abuelo Vittorio Sciaraffia Saluzzi quien en 1893-94 emigró con su hermano Antonio a América, dejando en su pueblo a mi abuela con su hija (mi madre), que había nacido el 7 de Mayo de 1893. Mi abuelo se detuvo en California. Trabajando en una granja de un compaesano donde se ganó el apareció de todos, mientras su hermano Antonio siguió al Sur, deteniendose en Perú, donde trabajó en la explotación de huano de pájaros.Tal vez por nostalgia u otro motivo, mi abuelo Vittorio fue a Perú al encuentro de su hermano, y sus espiritus aventureros los trajeron a Iquique, Chile, donde se radicaron cada uno por su cuenta. Aqui mi abuelo ejerció un sinnúmero de actividades lucrativas: vendedor de agua, almacenero, lechero, dueño de una flota de coches a caballo etc. La necesidad de reunir a su familia empujó a mi abuela a realizar la “aventura de su vida”: viajar a América con su hija de 4 años (mi madre) al encuentro de su marido. Tomó el barco en Nápoles, en una travesía que duraba 40 días hasta llegar al Mar del Plata. De Buenos Aires en tren hasta el pueblo de San Martín de los Andes, en Argentina, donde se terminaban las lineas, después en carreta o caballo hasta los pies de
la Cordillera, luego el “Cruce de los Andes” en mula y con su hija en brazos hasta la ciudad de Los Andes en Chile. Contaban mis mayores que los caminos que bordeaban los precipicios eran tan estrechos que no se en que parte sólo cabian las patas de las mulas; a las que tenían que vendarles los ojos para que no se asustaran y desbarrancaran. Las mulas eran guiadas por vaqueanos expertos en cruzar los Andes. Desde la ciudad de los Andes a Santiago y Valparaíso se usaban carretas o coches tirados por caballos. No se cuantos días se empleaban en toda esta etapa, no creo que menos de dos semanas. En Valparaíso tomaron el barco para la última etapa: Iquique. Poco más de mil millas nauticas para al fin abrazar a mi abuelo...>>
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